Oona O´Neil hacía todo lo que podía para ser feliz a los 15 años a pesar de haber sido abandonad por su padre, l genial dramaturgo Eugene O´Neil que ya había ganado el Premio Nobel de Literatura. Ella vivía con su madre en New York y él estaba en Europa a donde se había marchado con su segunda esposa. Como él, aunque usted no lo crea, era bastante conservador en las escasas cartas que Oona le envió nunca le contó de sus noches de diversión en New York en compañía de la multimillonaria heredera Gloria Vandervilt, quien, por cierto, todavía vive, aunque estamos hablando de principios de los años 40.
Tampoco le contó que una de esas noches conoció en el Stork, el centro nocturno de moda, a un joven bastante larguirucho que soñaba con dos cosas: ser escritor y que Estados Unidos entrará en la guerra contra Hitler al que, con razón detestaba.
De estos encuentros ocasionales entre el cuentista de poco éxito y la hija del dramaturgo, no habla el escritor francés Frédéric Beigbeder en su reciente novela Ooona y Salinger. Sí, porque ese larguirucho era el a la postre mítico escritor autor de “El guardián entre el centeno”, la única novela que escribió y que a la fecha ha vendido más de 100 millones de ejemplares.
Según el autor, esa noche Oona estaba con sus amigas y otro aspirante a escritor, un chiquillo de 14 años que se llamaba Truman Capote, y desde una mesa cercana el joven Orson Wells le lanzaba miradas furtivas a Oona sin atreverse a hablarla, a lo que sí se atrevió el joven Jerom Salinger, hijo de un fabricante judío de productos kosher.
Claro que este encuentro, que se dio, Beigbeder se lo imagina en sus detalles, como se imagina también los posteriores y las cartas que Salinger y Ooona se escribieron, pero que realmente exixtieron y tienen guardadas los herederos de Ooon a piedra y lodo en su mansión suiza.
Beigbeder también se imagina como fue el encuentro de Oona y Charles Chaplin, en casa de una amiga, cuando ella tenía 17 años y el genio del cine, nomás 52, le llevaba 35 años; cuando cumplió 18 se casó con él en Bermudas y luego se fueron a vivir a Suiza, donde estuvieron juntos, con ocho hijos de por medio, entre ellos la actriz Geraldine Chaplin, hasta la muerte del genio, en 1977 cuando él tenía 88 años.
En un libro memorable, “La verdad de las mentiras”, sobre el oficio del novelista, Vargas Lllosa comenta que el verdadero novelista tiene que ser un gran mentiroso para hacernos creer que lo que nos cuenta es cierto. Esta verdad se acentúa en esta novela que, basada en hechos reales, es fundamentalmente producto de la espléndida imaginación de que le sirve para llenar todos los huecos y hacerlo de una forma absolutamente creíble, sencilla y entrañable por lo que nos encontramos ante una novela deliciosa y emotiva.
Es importante remarcar el contraste que el autor hace de La feliz vida de Oona en New York y al casarse con la de perros que lleva Salinger en la Guerra, misma que Beigbeder desmitifica por completo y retrata en poco espacio la crueldad del desembarco en Normandía y los posteriores excesos y errores cometidos por la tropas estadunidenses en su avance por Europa hasta llegar a la liberación de París , y como n el gran y mítico desfile, las autoridades de Estados Unios prohibieron que desfilaran los negros, a lo que los franceses se sumaron y toda la genete de color fue acuartelada.
Pero la marcha triunfal en París da pie a que se nos cuente el encuentro entre Salinger, que ya había publicado algunos relatos en revistas, y Hemingway, que ya para entonces era un gigante. Encontramos a un Hemingway sencillo y generoso con el joven escritor con quien mantendría una correspondencia posterior animándolo siempre y celebrando sus relatos.
Durante la guerra, la correspondencia entre Salinger y Oona< sólo se dio en un principio y el escritor se mostró bastante ardido con ella y la bañó en reproches cuando supo que se había casado con Chaplin. En fin, cosas del amor.
A su regreso de la guerra, mientras Oona paría hijos muy contenta, Salinger decisió aislarse dl mundo y no conceder entrevistas ni tener ninguna aparición pública hasta su muerte en 2010. Es probable que la guerra lo haya traumatizado más de lo que se sabe, incluso recién regresado de ella, en 1945, trató de suicidarse.
Esta es la novela que rescata una hermosa historia de un mujer bellísima y encantadora –muy parecida a la Geraldine que actúa en doctor Zhivago, y un escritor amargo, sombrío y legendario cuya única novela es un hito en la literatura.

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