Ocho apellidos vascos es una película española graciosa, simpatiquísima, pero que requiere un mínimo conocimiento de las realidades y diferencias regionales de España para su mejor comprensión y disfrute.
La película, dirigida por el madrileño Emilio Martínez-Lázaro Torre, es la más taquillera en la historia de España, ha recaudado más de 60 millones de euros desde su estreno en 2013. Resultó más taquillera que su predecesora, la espléndida “Lo imposible”.
El éxito en cambio no ha sido similar fuera de España. A veces el impacto y la fuerza de lo local no siempre resulta universal, aunque intrínsecamente lo sea.
Diferencias regionales hay en todos los países del mundo. En México una forma de vida es la de sonora o Nuevo León y otra absolutamente distinta en Mérida o Campeche. Incluso los fenotipos y fenotipos resultan muy diferentes. Lo mismo sucede en España entre vascos y andaluces, entre los del norte y los del sur.
¿A qué viene lo de los ocho apellidos? Un vasco de pura cepa tiene ocho apellidos vascos: los 4 de sus abuelos paternos y los 4 de sus abuelos maternos. De ahí el título de la película. Algo que para los andaluces resulta intrascendente.
Una chica vasca, Amaya, interpretada por la guapa Clara Lago, también madrileña, se va con dos amigas de despedida de soltera o de reingreso a la soltería un fin de semana a Sevilla, y ahí conoce a un chico, Rafa, interpretado muy bien por el malagueño Dani Rovira que se enamora de ella perdidamente, al grado de irla a buscar al país vasco, concretamente a la población imaginaria de Angoitia, a donde llega con tal cantidad de prejuicios que incluso intenta hacerse pasar por vasco.

De pronto reaparece Koldo (Karra Elejalde) el padre de Amaia, que había andado por el mar varios años, y cree que su hija está por casarse. Ella le hace creer que Rafa es el novio vasco con quien el compromiso original se rompió. Se desata así una típica comedia de enredos e incluso veremos a Rafa encabezar una manifestación de vascos independentistas bastante trasnochados quienes le reclaman que no hable en vasco a lo que él responde que habla en español para lo que lo entiendan los españoles de Madrid.
Realmente es una película deliciosa que hace brotar las carcajadas del espectador. Y para acentuar la trama de comedia, la pareja de “enamorados” no podía ser más diferente. La cinta se toma sus libertades cursis, como el final, que, sin embargo, se encuentra totalmente en el tono de la cinta que termina por ser redonda, aunque haya críticos, sobre todo españoles, a quienes no les ha gustado.
En un país con tantas diferencias regionales capaces de llegar a los extremos políticos más severos, no puede dejar de pensarse que el laureado Martínez Lázaro ha hecho una película que vota por la unidad, por encima de las diferencias, y qué mejor para ello que la comedia romántica.
En exhibición en México no estuvo más de dos semanas, lo bueno es que hay muchas opciones para poderla ver, por ejemplo en Internet.

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