Lucia Berlin, nacida en 1936, fue, además de una excelente escritora estadunidense, una mujer muy guapa, lo cual no es común. En su fotografía más famosa tiene un aire a Elizabeth Taylor o también a Suzanne Pleshette, cuando pasó por el cine en los años 60.
Su vida bien podría ser una película. Vivió en infinidad de lugares en Estados Unidos, estuvo en Chile, varias veces viajó a México a ver a su hermana que se había casado con un mexicano. Se casó tres veces y tuvo cuatro hijos a los que sólo ella tuvo que sacar adelante. Siempre sintió que su madre, alcohólica, no la quería por la indiferencia y desamor con el que la trataba. Su padre se dedicó a la minería –de ahí tanto viaje-, fue a la Segunda Guerra Mundial y a su regreso fueron a vivir a Chila, donde estuvo hasta los 26 años. Su vida no volvería a ser la misma. Por ahí en uno de sus cuentos insinúa que se abuelo, otro borracho, abusó de ella, pero no se explaya en el tema De niña padeció escoliosis y la aguantó de grande. Pasó por el alcoholismo y lo superó. Alcohólica en serio, de tener que salir de madrugada, llena de temblores, a buscar donde vendieran una botella de vodka que para la hora del desayuno ya se había acabado, lo bueno es que a esas horas ya estaban abiertas más tiendas que vendieran alcohol, así que podía ir a buscarlo después de dejar a sus hijos en la escuela. Trabajó en un hospital, fue recepcionista y un tiempo también se dedicó a limpiar casas ajenas. Pero fue una mujer que siempre mantuvo el humor y la esperanza.
No fue una escritora de tiempo completo, pero sí ágil e incisiva, dueña de una talento singular para el relato cotidiano, mucho de él autobiográfico. Empezó a publicar sus cuentos allá por los sesenta en la revista The Noble Savage del escritor Saul Bellow. Murió en 2004 a los 68 años. Su último empleo fue como profesora en la Universidad de Colorado, antes de que la escoliosis acabara von ella que ya había vencido al cáncer de pulmón.
Quizá la dispersión de sus relatos en diversas revistas impidió que alcanzara el prestigio que ameritaba, pero como sucede en ocasiones. Después de muerta, en 2004, le llegó la gloria pues varios años más tarde se publicaron en libros sus cuentos, y una antología titulada “Manual para mujeres de la limpieza”, que en español nos ha traído Alfaguara este 2016.
Su estilo es sencillo y directo. En sus frases no falta ni sobra nada. Es una mirada sencilla sobre la vida.
Algunos críticos la han comparado con Hemingway. Quizá por su economía en la escritura. Creo que sin razón. La literatura y las temáticas de ambos no se parecen en nada. Lucia descubrió otra forma de narrar con sencillez, otra forma de economía, de lanzar las flechas directamente al blanco. Con las técnicas de Hemingway logró crear una voz propia y única en la literatura donde a veces las anécdotas más atroces están contadas sin verborrea, sin el más mínimo sentido de autocompasión, aunque si algo resalta en ella es la compasión por otro seres humanos, esa compasión que tanto valoraba otro gran escritor norteamericano, John Dos Passos.
Con otro valor: todos los cuentos de Lucia Berlin están escritos en primera persona, lo que los dota de una voz directa que le está contando directamente al lector como en una conversación íntima para que ´él escuche y saque sus propias conclusiones de lo que escucha (lee). Ella está presente en todos. ¿Autobiografía? Seguramente sí, ¿con muchas mentiras? seguramente. Pues escritor que no miente no es escritor. Pero no nos percatamos nunca de las mentiras debido a la hilación de las historias, a su economía narrativa, a la fuerza de esas historias que jamás tienen un final obviamente desgarrador o lastimero.
“No me importa contar cosas terribles si consigo hacerlas divertidas”, escribió Berlin en uno de sus cuentos. ¿Divertidas? Difícilmente, atractivas, amenas, que no se pueden soltar, desde luego que sí. Lo que tiene es una enorme capacidad para la naturalidad, para no desgarrarse, una especie de tomar y aceptar las coas como vienen. ¿Puede ser divertida la historia de una mujer que se escapa de un clínica clandestina de abortos en Ciudad Juárez porque finalmente decide tener a su hijo? No, pero la narración la capacidad de observación son sorprendentes y el final es casi feliz.
Lucia Berlin escribió 70 cuentos según unas versiones y 77 según otras. “Manual para mujeres de la limpieza” contiene 43 historias sin el menor desperdicio, y quizá no sean divertidas, pero sí placenteras a pesar de la tristeza que conllevan.

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