De pronto, casi a ciegas, uno se encuentra con un libro que raya en la obra de arte. Un libro con una erudición que estremece y asombra. Con un recorrido histórico deslumbrante donde lo mismo cabe una anécdota banal pero al fin parte de la historia, que un momento cubre en la evolución de Europa. Y todo pasa por un río, el Danubio, desde Alemania hasta Hungría y Rumania.
Ciertamente el libro es muy famoso, pero yo no lo conocía y los compré por el nombre del autor, el italiano y germanista Claudio Magris, quien ya me había deslumbrado, aunque no tanto. Ahora sí me puso contra las cuerdas y no paró de golpearme desde las primeras páginas.
El Danubio nace en Alemania producto de la confluencia de dos pequeños ríos, el Brigach y el Breg, fluye hasta el Mar Negro en Rumania cambiando 7 veces de nombre y recorriendo 2,8888 kilómetros de tierras, países e historia. Sólo es azul en el famoso vals de Strauss, pero eso no le q uita belleza. Y, como dice Magris, “enfila las ciudades como perlas”.
Magris lo recorrió en compañía de unos amigos durante cuatro años, y en 1986, antes de que el mapa de Europa volviera a ser lo que fue, publicó el libro resultante, Que no es un libro de viajes propiamente dicho, aun1que la historia lo inunda tampoco parece una obra histórica y a pesar de su tono narrativo no es una novela.
Es un libro de relatos verídicos, de reflexiones humanas y sociales, un recorrido por los momentos más importantes que ha presenciado este río, el segundo más grande de Europa, en particular de los siglos XV al XIX, aun1ue con algunas salpicadas del siglo XX.
Muy al principio, Magris recurre a Kierkegad y lo cita: “la vida sólo puede ser entendida mirando hacia atrás, aunque deba ser vivida mirando hacia adelante- o sea hacia algo que no existe”.
Magris recorre el pasado europeo y vamos comprendiendo la gestación del continente que conocemos, una gestación no exenta de sangre, caprichos, locuras y arrogancias que tiene su conformación final en los inicios del siglo XX y que de nuevo será reconfigurada al final de la Segunda Guerra Mundial para, cuatro o cinco años después del viaje de Magris recuperar su anterior diseño de múltiples nacionalidades. Pero a fin de cuentas, Magris ya nos ha contado todo mediante iglesias –enormes protagonistas- todavía en pie, palacios, castllos, casas particulares, todo ello poblado por la nobleza, la realeza, la aristocracia, mercaderes, filósofos y plebeyos. Toda esta gama de personajes y recintos casi incontables van apareciendo con su papel en la historia como si fueran surgiendo detrás de puertas góticas, barrocas, clásicas y neoclásicas que se abren una tras otra para 1que el lector no cese en su asombro, en su goce y en su disfrute de una obra única que requiere –y merece- leerse dos o tres veces porque no hay memoria que la registre en su totalidad.

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