Doctor Zhivago, a 50 años de su estreno, es una película hermosísima, más aún cuando el rostro de Julie Christie (Lara) está en Close Up con sus hermosísimos ojos azules mirando a Zhivago (Omar Sharif) diciéndole que no la verá más, abatido como está por la culpa de engañar a su amorosa esposa Tonya (Geraldine Chaplin), y le pregunta si le cree y ella contesta que no. Pero como en todos los destinos trágicos las decisiones nunca están en manos de los protagonistas.
La película basada en la novela del mismo nombre de Boris Pasternak (Premio Nobel de Literatura 1958) y prohibida en la URSS hasta 1988, fue estrenada en diciembre de 1965. Sus 50 años han propiciado su reestreno mundial para deleite del público actual como del de entonces, aunque el de ahora no esté tan familiarizado con películas sin los fuegos artificiales de los efectos especiales y no haya acudido a verla como hicieron los de entonces que la convirtieron en la que todavía hoy es la 9ª película más taquillera de la historia (era la 8ª, pero el reciente ascenso de esa vacilada que se llama Star Wars: el despertar la Fuerza a primer lugar, la bajó del 8°.) A precios actuales, Doctor Zhivago recaudó en su momento unos mil 400 millones de dólares en todo el mundo, después de haber costado, también a precios de hoy, alrededor de 200 millones.
En su momento la crítica especializada trató muy mal a esta película que ha crecido con el tiempo. La acusaron, entre otras cosas, de ser demasiado bella (¡!), de no adentrarse en la Revolución Rusa, de tener personajes inverosímiles y edulcorados, etc. Afortunadamente el público no les hizo caso.
La película se filmó mayoritariamente en España y las calles de Moscú fueron reconstruidas en las afueras de Madrid. Un dato curioso es que el tren de vapor usado en la película, estacionado en Granada, fue el mismo que se utilizó poco después en El bueno, el Malo y el Feo, de Sergio Leone. Todo un protagonista.
Como suele hacerse en las buenas adaptaciones de la literatura al cine, la obra original nunca se toma literalmente ni mucho menos todo su contenido. La novela tiene muchas aristas y efectivamente toca muchos aspectos de antes, durante y después de la Revolución de Octubre. El guionista James Bolt, que lo fue también de la anterior del director David Lean, Lawrence de Arabia, ni más ni menos, se centró en la historia de amor de Yuri Zhivago y Lara y le bastó con marcar algunas pequeñas escena para demostrar la represión zarista y lo terrible y desafortunada que fue aquella Revolución idealizada, marcada por el fanatismo y la destrucción de un pueblo con el pretexto de salvarlo.
Aquí vale la pena señalar dos guiños de homenaje que David Lean le hace el Acorazado Potemkin, de Einsenstein. El primero es la carga de los lanceros de la policía contra una pacífica manifestación bolchevique, encabezada por Pasha (Tom Courtenay), el líder esposo de Lara; y el segundo es cuando después de la carga vemos lo anteojos de Pasha en el suelo, indicándonos que ha caído, tal y como sucede con los anteojos del capitán del acorazado Potemkin después de la carga de los lanceros. A diferencia de los anteorjos del capitán, los de Pasha no se rompen, él no ha muerto pues reaparecerá después como un sanguinario líder revolucionario que no tardará en ser pasado por las armas por sus propios correligionrios, tal y como sucedió múltiples ocasiones en los periodo de Lenin y Stalin.
Los encuentros y desencuentros de Lara y Zhivago se suceden a lo largo de la película desde el primero, cuando él es doctor del ejército imperial ruso en la Primera Guerra Mundial y ella es enfermera voluntaria, hasta el último, sumamente dramático, después de años de no verse.
Es importante destacar la expresividad de ambos actores, Sharif y Christie en cuyos encuentros pesan más las miradas que los diálogos.
Precisamente por centrarse en la historia de amor de Lara y Zhivago la película es tan bella y tan intensa: la última película de amor épico en el siglo XX.

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