Ninguna fuerza en la tierra es más lúcida y creativa que la humana, así también ninguna otra fuerza es más destructiva del otro que la humana. El problema central pareciera ser la mezcla de inteligencia, sensibilidad y odio.
    Cuando el ser humano crea verdaderamente se torna sublime, cuando destruye se torna deleznable.
    Con frecuencia ante un horror cometido por un ser humano, tachamos a éste de “inhumano”, lo cual es un error porque sólo el hombre, el humano, es capaz de cometer los crímenes más atroces; no falta quien dice que es una “bestia”; si tomamos bestia como sinónimo de animal salvaje, estamos cometiendo otro error: ningún animal salvaje es capaz de hacer las atrocidades que ejecuta el hombre. El animal lucha por su sobrevivencia. El hombre piensa. Las bestias sólo matan para comer, los humanos lo hacen con maldad, por placer y por la terrible banalidad del mal, cuando no existe una sola razón para el crimen que cometen.
    Citemos un lugar común de lo sublime: La Piedad de Miguel Angel. Es la imagen, la reproducción de uno de los sentimientos también más sublimes que puede tener el ser humano: la piedad, la forma más extraordinaria de compasión y de empatía ante el dolor del otro. En el otro extremo de la deleznable y demoniaco tenemos a una mujer joven desaparecida el 3 de diciembre y encontrada 3 días más tarde desollada del rostro; más extremoso aun el popular “Pozolero”, ese sicario del narco mexicano que disolvía a los ejecutados en ácido, aún a medio morir. Dos extremos de la banalidad del mal que tan bien describió Anna Harendt. El catálogo de horrores cotidiano en México y en el mundo es extenso y rebasa lo imaginable. Y conste que no me fui a casos emblemáticos como el Holocausto o las purgas de Stalin o lo crímenes del Kmer Rojo. La maldad humana siempre está cerca de nosotros, día a día.
    La maldad tiene muchos rostros: el abuso infantil, la pornografía adulta y de niños, el maltrato de padres a hijos, la trata de personas, donde la trata de mujeres para la prostitución tiene un lugar preponderante, casos todos donde los hombres involucrados carecen por completo de moral, de empatía, son inhumanos movidos sólo por el dinero, no importa si son de los últimos escalones en las tropas de la maldad o los jefes de las mismas, que casi nunca se ensucian las manos.
    Nada de esta maldad es totalmente nueva, antes del siglo XX hubo otras, pero lo cierto es que desde que empezó la globalización la maldad se ha expandido, ha evolucionado –,si tal término pudiera aplicarse a ella- incluso se ha “modernizado” por lo que ha generado expresiones más violentas, y agresivas. Y por supuesto lucrativas.
    Y la información sobre los hechos al respecto suele ser mayor, mucho mayor, que aquella procedente del lado creativo del hombre. Por eso la conocemos mejor, sabemos más de ella. Y en el lado creativo, bondadoso, no sólo ubico a las creaciones artísticas sino a todas aquellas acciones destinadas a ofrecer a las víctimas del mal opciones de liberación, de recuperación, de salud, incluso ¿por qué no? De nueva ensoñación.
    En lo personal siempre he tenido un gran aprecio por el “cine de Hollywood”, ese en el que a fin de cuentas y pase lo que pase por lo general siempre ganan los buenos. Es una catarsis porque en la realidad, hay malos que se la pasan bastante bien.
    El mal da miedo, genera angustia, ¿qué hacer ante él? Es bueno tener miedo porque éste alerta, pone a andar muchos mecanismos de defensa, puedo incluso proteger. Y el miedo también nos puede ayudar a no ser malvados.
    ¿Qué más? Cada uno tenemos la obligación de intentar, cada día, ser mejores personas, más tolerantes, más generosos, más compasivos con nuestras familias, con nuestros amigos, más honrados y honestos. Podemos evitar la envidia y el rencor que siempre dañan más a quienes los sienten. Podemos evitar ser4 indiferentes ante el dolor ajeno.
    Afortunadamente, todavía hay en el mundo más seres piadosos, no en el sentido religioso sino humano (con frecuencia se utiliza piadoso como sinónimo de religioso, cuando no es así) que demoniacos.
    Nunca acabaremos con el mal puesto que nosotros mismos, los seres humanos, lo engendramos, pero sí podemos disminuirlo; luchar contra él cada día. Y ser más creativos con el arte, con nuestras propias vidas; todos, en mayor o menor medida, podemos alcanzar lo sublime. Eso nos mantendrá lejos del mal.
    Ojalá y así sea.

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