El periodista Roberto Saviano ha vuelto a dar en el clavo, y en la herida. Ha publicado un libro, si se puede, más duro y revelador aún que Gomorra, el mismo que lo lanzó a la fama y a cierto grado de clandestinidad que lo obliga a vivir cambiando de lugar constantemente y a estar en todo momento acompañado de unos guardaespaldas pagados por el gobierno italiano ante la amenaza de muerte que pesa sobre él por la mafia napolitana.
Cero, cero, cero es estremecedor. Su protagonista principal es la cocaína, esa droga tan al alcance de todos los bolsillos (supuestamente) y que ocupa un lugar especial entre mucha gente de éxito, cualquiera que éste sea: casabolseros, ejecutivos de empresas, políticos, músicos –buenos y malos- artistas, pintores, modelos, choferes de autobuses, de tráilers de mercancías, jóvenes estudiantes ansiosos de nuevas o más experiencias, etc. etc.
La coca, una droga que, según nos revela Saviano, se mueve por todo el mundo generando ganancias espectaculares, sobre todo para quienes la venden. Un producto que mueve más de 300 mil millones de dólares al año, cifra que rebasa con mucho los conservadores cálculos de la ONU que ubican el mercado en 100 mil millones de dólares.
La coca, apunta Saviano es el artículo más codiciado y más vendido del mundo, por encima de cualquier otro producto de cualquiera de las grandes marcas. Nada, ningún objeto en el planeta mueve tanto dinero como la coca, en polvo o líquida.
Cero, cero, cero es un registro aterrador del narcotráfico de cocaína desde sus inicios, cuando en Sinaloa hubo que producir morfina para los soldados estadunideneses en la Segunda Guerra Mundial.
Saviano cuenta con profusión de detalles cómo los colombianos primero, y los mexicanos después, se convirtieron en los amos y señores del narcotráfico de cocaína, cuyo gramo alcanza hoy en el mercado un precio que puede ir de los 60 a los 180 dólares dependiendo del país. Y cuyos principales consumidores son los estadunidenses y los europeos, aunque la droga poco a poco se abre paso también la nueva y próspera China.
A pesar de sus inicios en los años 40, Saviano señala a 1989, el año de la caída del muro de Berlín, como el año de la fundación de la gran transnacional de la cocaína con los cárteles colombianos y mexicanos, definidos y organizados por Félix Gallardo, antecesor del chapo guzmán, como sus entregadores fundadores: unos produciendo y vendiendo, y los segundos como intermediarios e introductores.
Cero, cero, cero no es ni novela ni ensayo, es un gran y espléndido reportaje periodístico acompañado de excelente literatura narrativa. Es factible que de manera suelta mucha de la información que contiene el libro se haya publicado en diarios y revistas de todo el mundo, pero Saviano ha tenido la virtud de reunir los materiales y vincularlos, además de que sin duda ha obtenido otros de procedencia clasificada en agencias internacionales, como la DEA de Estados Unidos.
En su reportaje, Saviano cuenta pormenorizadamente la expansión del tráfico de coca en Colombia, donde los revolucionarios de las FARC y los grupos paramilitares que proliferaron hasta los años 90 sembrando de terror y violencia a su país, quedaron exentos, sino al contrario, de traficar con ella para hacerse de enormes recursos. Cuando el narco fue debilitado en Colombia, los cárteles mexicanos tomaron la estafeta y son ahora los principales comerciantes del anhelado producto cuyo consumo parece no tener fin posible.
Y también detalla, con nombres y apellidos, a otros dos poderosos grupos mafiosos involucrados en el negocio: los italianos y los rusos posteriores a la caída del muro, estos últimos también dedicados con gran ambición y éxito a la prostitución, la trata de personas, la pornografía infantil y todos los etcéteras del horror que se le ocurran al lector.
Además, el libro es una catálogo de violencia, sin morbo, de la que han sido capaces los narcotraficantes y que en México ha adquirido en los años recientes, una escalofriante presencia. Violencia en la que han participado, con unos y otros, aquí y allá, mercenarios de Europa del Este, los temibles kaibiles guatemaltecos, agentes espaciales formados en diversos ejércitos, como el grupo los Z de México, muy bien descrito por Saviano. Violencia que rompió cualquier código y límite que hubiera existido hasta los años 90.
El universo del narcotráfico, nos ilustra Saviano es de lo más variopinto, no sólo en el mosaico apuballante de sus consumidores sino de todos los involucrados en el negocio: campesinos, transportistas, choferes, químicos, empacadores, policías, militares, políticos, especialistas en logística, merineros, agentes aduanales, empleados de aeropuertos, pilotos aviadores, mulas (introductores al menudeo , algunos de los cuales se atiborran el estómago con pequeñas bolsas llenas de cocaína), minoristas, jefes de grupo, y un larguísimo etcétera. Todos ellos ocupados en ganar lo que consideran un dinero fácil; sabiendo que cada gramo, cada kilo, cada tonelada de coca que muevan llegará a uno o a miles de consumidores en alguna parte del mundo. Sin tomar en cuenta que en su largo camino de la producción hasta el consumidor final, la coca propicie muertos aquí y allá, muchos anónimos, algunos, los menos, de cierta “fama”.
No es un libro optimista; si bien hay una recuento o el relato de cómo en ocasiones es incautada la droga por diversos agentes, Saviano no exalta estos hechos ni propicia esperanza a alguna sobre el futuro del control o finalización del narcotráfico, no teniendo en cuenta la cantidad de dinero que mueve en el mundo. Como él señala, “con la coca puedes hacer cualquier cosa. Antes de que te haga estallar el corazón”, lo que se puede aplicar tanto a quienes la usan como a quienes la trafican.

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